La clave es la formación
Posiblemente, en estos momentos la economía catalana está cerrando
definitivamente una etapa que ha durado más de 20 años.
Una etapa que, fundamentalmente, estuvo marcada en sus inicios por
algunos acontecimientos singulares, paradigmáticos, como la incorporación de
España en la Comunidad Económica Europa el 1 de enero de 1986, que ha sido
el motor de grandes cambios durante las últimas dos décadas y que, junto a otros
factores, explican el extraordinario crecimiento del sector inmobiliario tanto
en Cataluña como en el conjunto del Estado.
Sólo hace falta echar un vistazo en algunos datos clave para tener una idea
de cuanta importancia ha tenido la construcción en nuestra estructura
económica. A principios del año 1986, en Cataluña había poco más de 115.000
puestos de trabajo en el sector; mientras que un año más tarde, ya habían
crecido casi un 20%, aproximadamente 140.000, y a finales de 1990 se superó
la cifra de los 200.000. Con un importante paréntesis de 4 años (del 92
al 96), la construcción siguió creciendo: 300.000 puestos de trabajo en 2001;
400.000 en 2006, y más de 440.000 de acuerdo con los últimos datos.
Este crecimiento significa que mientras el 1986 la construcción suponía el 6%
de toda la ocupación, ahora es más del 12%.
Sin embargo, como muy bien sabemos, durante el año 2007 el sector
inmobiliario experimentó una sacudida importante, que ha tenido un impacto
a nivel mundial. Sin duda alguna, estas turbulencias han marcado un punto de
inflexión en el mercado inmobiliario y, en consecuencia, jugarán un papel
importante en nuestro patrón de crecimiento. Durante los últimos 20 años la
economía ha sufrido dos momentos bajos, en los 1993 y 2002, que sin duda
afectaron a la construcción; no obstante, en ninguno de los casos el sector se
convirtió en el detonante de la inestabilidad, y esta es la razón por la que
se plantea la oportunidad de un cambio estructural.
Esto significa que la construcción ya no es tan importante en el crecimiento de
la ocupación ni del consumo, y que cabe buscar otros motores para nuestro
desarrollo económico. De hecho, en los últimos años, desde el Gobierno
se está favoreciendo esta transformación apostando por la formación de las
personas, pero hoy día las circunstancias nos llevan a hacer más visibles estos
cambios y a impulsarlos con más fuerza y rapidez. Ha llegado el momento de
poner a las personas en el centro de nuestro modelo económico; para que las
personas y sus necesidades sean el motor del crecimiento. Ha llegado el
momento de plantearnos seriamente un nuevo estado del bienestar que mejore
los tres pilares tradicionales – educación, salud y servicios sociales- y que
desarrolle un cuarto pilar: la igualdad y la atención a la dependencia.
El potencial de crecimiento de estos sectores económicos es muy elevado, y
nuestro papel como administración tiene que ser fundamental en este sentido.
Si tenemos en cuenta estos dos factores, nos encontramos ante uno
de los retos económicos y sociales más importantes que se nos ha planteado
en los últimos 30 años: conseguir que el crecimiento económico y la mejora
de la cohesión social sean dos componentes de una misma estrategia; dos
componentes que se complementen entre ellos.
Es el momento de establecer nuevos fundamentos para el futuro, y creemos
que apostar para el bienestar de las personas como la locomotora del
crecimiento económico es una opción acertada. Aprovechamos este impulso
para seguir construyendo la economía catalana del siglo XXI.
Mar Serna
Consejera de Trabajo